Sábado 24 de febrero de 2024

Datos de la UCA: la pobreza alcanza al 44,7% y la indigencia al 9,6%

  • 6 de diciembre, 2023
  • Buenos Aires (AICA)
El Observatorio de la Deuda Social Argentina presentó el informe sobre "Deudas sociales crónicas y desigualdades crecientes" y advirtió que esos porcentuales serían más elevados sin ayuda social.
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El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) presentó el informe de avance anual “Deudas sociales crónicas y desigualdades crecientes. Desafíos para la agenda pública (2004-2023)”, en el que se analizaron los avances y retrocesos del país en materia socioeconómica. El estudio reveló que en nuestro país la pobreza y la indigencia alcanzan al 44,7% y 9,6% de la población, respectivamente. 

La presentación, realizada el 5 de diciembre en el Campus Puerto Madero, estuvo a cargo de Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA), quien expuso los principales resultados. Asimismo, la actividad contó con la participación de Claudio Tomasi, representante residente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Argentina (PNUD). Moderó el director de Relaciones Institucionales de la UCA, Ignacio Tomé; y entre los asistentes estaba el obispo de San Isidro y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), monseñor Oscar Ojea.

Datos duros de la realidad
Según el informe, la pobreza medida en términos de ingreso, que alcanza a alrededor de 20 millones de personas, se agudiza en la población menor de 18 años, en donde alcanza el 62,9%, así como en el cuartil de más bajos ingresos, en el que el 68,3% son pobres. Algo similar ocurre con la indigencia, que es del 18,1% en el cuartil de ingresos más bajos y del 16,2% entre los 0 y 17 años.  

El ODSA es una institución comprometida con el desarrollo humano y la integración social dedicada a poner en agenda las desigualdades sociales que atraviesa nuestro país desde hace 20 años. Con el objetivo de ponerle rostro a la pobreza, sus investigaciones no solo se centran en el mínimo de bienestar económico en términos de ingresos monetarios, sino también en el derecho de formar parte de una sociedad de iguales en dignidad y desarrollo de capacidades. 

Por eso, la institución también mide la pobreza de manera multidimensional. Las seis dimensiones que se analizan son acceso a alimentación y salud, servicios básicos, un ambiente saludable, vivienda digna, empleo y seguridad social y accesos educativos.

Según el informe, un 67% de la población presenta la carencia de al menos una de estas dimensiones. Por su parte, quienes evidencian dos o más carencias representan el 44,5% y los que reportan tres carencias o más, el 28,2 por ciento. “Estamos desinvirtiendo en la próxima generación”, sentenció Salvia. 

Estos altos niveles de pobreza se enmarcan en una crisis sistémica del régimen económico que se refleja, por ejemplo, en un crecimiento del PBI per cápita de, en promedio, el 0,7% anual, mientras que la inversión en los últimos 20 años ha promediado alrededor del 16% del PBI, una cifra deficitaria que idealmente debería rondar el 25% según Salvia. 

“Nos encontramos en una crisis de desigualdad sistémica económica, social y cultural”, expresó el director del Observatorio. De no haber un cambio en términos de políticas socioeconómicas, Salvia pronosticó que la pobreza mencionada seguirá aumentando de manera crónica y estructural. 

En cuanto al empleo, el estudio observa una tasa de desempleo del 8,8%. Si bien el empleo pleno se ha mantenido más o menos estable, alrededor del 40% durante los últimos 18 años, el subempleo inestable (las llamadas “changas”) ha ido en aumento, alcanzando un 24,3%.  

Además, el ingreso del 33,1% de los trabajadores ocupados se encuentra por debajo de la canasta básica total por adulto. Es decir, uno de cada tres trabajadores es pobre.

Programas sociales de asistencia
En este contexto, un 35,9% de los hogares son beneficiaros de programas sociales de transferencia de ingresos y asistencia alimentaria directa, entre las que se incluyen, por ejemplo, la entrega de comida en escuelas o comedores. Al igual que la pobreza y la indigencia, la cifra se agudiza en el cuartil de más bajos ingresos, en el que estos programas alcanzan al 61,9% de los hogares. 

Salvia advirtió que “no se sale fácilmente de la pobreza”, ya que, si bien las transferencias económicas crecientes parecieron agudizar la crisis, la eliminación de planes sociales implicaría un incremento del 5% de pobreza, aproximadamente. 

“Se requieren mejores mercados locales con capacidad de crear empleo”, aseguró y agregó: “Se necesita un plan de estabilización macroeconómica que implique un ajuste en precios relativos y una negociación de deudas internas y externas, cuidando los segmentos sociales más pobres. Si lo pagan los que están más abajo el proceso no tendrá legitimación”. 

Tras la presentación de Salvia, Claudio Tomasi destacó, en primer lugar, la importancia de la elaboración de instrumentos de medición que reconozcan la multidimensionalidad de la pobreza y del desarrollo. Enfatizó, en particular, el fuerte compromiso tanto por parte del ODSA-UCA como de la Oficina País, con políticas públicas basadas en la evidencia en las últimas dos décadas.  

En este marco, Tomasi resaltó que nos encontramos ante una oportunidad para reflexionar sobre la Argentina futura: “Creemos que el contexto actual nos convoca hoy, más que nunca, a promover un sendero de crecimiento basado en un desarrollo humano que presente logros simultáneos en sus todas sus dimensiones y una mayor igualdad en su distribución”. Este desafío plantea la necesidad de políticas que además de utilizar la mejor información disponible, integren las dimensiones básicas del desarrollo e incorporen las interconexiones entre las mismas.  

Asimismo, Tomasi destacó la centralidad de analizar al desarrollo humano desde una perspectiva territorial y llamó a reflexionar sobre las desigualdades a nivel subnacional. 

Por último, reflexionó sobre dos dimensiones facilitadoras del desarrollo humano, que desde el PNUD consideran fundamental para abordar frente a los crecientes desafíos del mundo actual: la inclusión digital y la resiliencia ambiental. En esta línea, planteó que el Covid-19 profundizó las transformaciones impulsadas por la Revolución 4.0 y evidenció la relevancia del acceso a las tecnologías digitales en el mundo actual: “Las capacidades de las personas dependen hoy, como nunca antes, de sus posibilidades efectivas de inserción en la sociedad de la información”.

Más información en www.uca.edu.ar y redes sociales.+