Sábado 24 de octubre de 2020

Día del Migrante: Mons. Salaberry llamó a "acoger, recibir, proteger, promover e integrar"

  • 28 de septiembre, 2020
  • Azul (Buenos Aires) (AICA)
El obispo de Azul y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral de Migrantes e Itinerantes (CEMI), monseñor Hugo Manuel Salaberry SJ, presidió la misa por el Día del Migrante y Refugiado.

Con una misa presidida en la catedral Nuestra Señora del Rosario, de Azul, por el obispo diocesano y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral de Migrantes e Itinerantes (CEMI), monseñor Hugo Manuel Salaberry SJ, el sábado 26 de septiembre se celebró en la Argentina el Día del Migrante y Refugiado.

Tradicionalmente, esta celebración tiene lugar en el santuario Nuestra Señora Madre de los Emigrantes en el barrio porteño de la Boca, pero este año no pudo hacerse allí debido a las medidas impuestas a causa de la pandemia. No obstante, la celebración tuvo representación simbólica de las distintas colectividades, con las banderas y mensajes de sus representantes en la lengua original de sus ancestros.

Monseñor Salaberry dijo en su homilía que “siendo hijos, nietos, bisnietos de ancestros migrantes, tenemos una deuda de gratitud que la vamos a concretar hoy aquí, en esta hermosa catedral. He tomado para el mensaje de hoy, lo de San Pablo, de la carta que recién escuchamos”.

“Nosotros no sabemos cómo fueron recibidos nuestros antepasados, pero sí sabemos cómo recibimos a los migrantes ahora”, advirtió el obispo. “¿Habrán sido recibidos así, como nosotros recibimos a veces a las personas que vienen de lejos?”. 

“Dice San Pablo: ‘Tengan un mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento. No hagan nada por el espíritu de discordia o de vanidad. Que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos, que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás. Vivan con los mismos sentimientos que hay en Cristo Jesús’”.

“San Pablo considera a todo hombre, a toda mujer, como si fueran otros Cristos: vivan con los mismos sentimientos que hay en Cristo Jesús. No sé si al no creyente estas palabras le dicen algo; a nosotros, católicos, nos dicen mucho”, señaló. 

En el texto de San Pablo en el que dice que debemos considerar a los otros como si fueran otros Cristos, las mismas palabras del Señor no pueden ser más elocuentes, porque dice: Vengan, benditos de mi Padre, porque estaba de paso y me alojaron, fui forastero y me alojaron, estaba preso y me vinieron a ver”, recordó. “Las mismas palabras del Señor nos invitan asemejarnos a Él”.

“Hay determinados grupos, o incluso nosotros mismos, empecinados en ver una realidad que predeterminamos, está distorsionada o que no concuerda con el ser del objeto percibido. Es muy fácil entonces estigmatizar y descartar a determinadas personas. Así nos alejamos de la verdad, y la verdad en realidad consiste en la correspondencia que hay entre lo que el sujeto percibe y el objeto percibido, ahí debe haber cierta correspondencia. O si quieren, una adecuación o correspondencia de la proposición con aquello a lo que se refiere”, explicó

“Entonces vamos, vemos y conocemos, es decir sin ver es más difícil conocer, y sin conocer no podremos llegar a comprender. En palabras de Francisco: es necesario comprender para conocer, para comprender el conocimiento”.

“San Pablo nos recomienda vivamente que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos. Verdaderamente esto es algo difícil, pero el apóstol lo pide y el Señor nos anima a ello, y una verdadera apertura al inmigrante, al hermano que ha tenido que dejar su tierra, antes que la desconfianza instintiva, deberemos anteponer el hecho de la riqueza que significa caminar juntos por el camino que la providencia nos ha señalado”, animó.

Finalmente, el obispo llamó a “acoger, recibir, proteger, promover e integrar”, y aconsejó: “Que cada uno busque, no solamente su propio interés, sino también el de los demás. No es una integración menor, en San Pablo la integración del inmigrante extranjero o inmigrante interno requiere altísimos sentimientos de fraternidad, fraternidades, y mejor todavía si hablamos de sentimientos de paternidad, de maternidad o de filiación. Es probable que tengamos mucho camino por recorrer, pero el Señor, su providencia, nos animan a ello”.+