Domingo 3 de marzo de 2024

Pizzaballa consagró a sus fieles a la protección de María, Reina de Palestina y Tierra Santa

  • 30 de octubre, 2023
  • Jerusalén (Tierra Santa) (AICA)
El Patriarca Latino de Jerusalén presidió la misa en la solemnidad de la patrona de su diócesis y consagró los territorios y a las personas de Tierra Santa a la protección de la Madre de Dios.
Doná a AICA.org

El cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, presidió este domingo 29 de octubre la misa solemne en honor de Nuestra Señora Reina de Palestina y Tierra Santa, patrona principal de la diócesis, en el Santuario que le está dedicado. Concelebraron también varios obispos y sacerdotes, en presencia de las religiosas, y de los pocos fieles que lograron llegar al monasterio en medio de estos tiempos difíciles.

Debido a la situación actual que se vive en Tierra Santa, un gran número de fieles que anualmente llegan de diferentes partes del teritorio para celebrar la solemnidad de Nuestra Señora en el Santuario de Deir Rafat, que fue construido en 1927, lamentablemente no pudieron arribar. Sin embargo, la celebraron en sus parroquias y pidieron a Nuestra Señora que intercediera por el pueblo de esta Tierra Santa y por la paz allí.

En su homilía, el patriarca Pizzaballa dijo: "Gracias a Nuestra Señora, a quien le encanta reunir a sus hijos a su alrededor, nos reunimos hoy aquí. Al consagrar de nuevo nuestra querida diócesis y nuestra tierra a su cuidado, también nos encomendamos a Dios. Es decir, no preocuparse y tener plena confianza en su divino cuidado y sabiduría divina, especialmente en los tiempos actuales que vivimos, donde la esperanza parece difícil de encontrar”. 

El purpurado también destacó la importancia de leer la Palabra de Dios en estos tiempos difíciles, especialmente los Evangelios: a través de una palabra, el Verbo encarnado, que es Vida, llegó a estar en el seno de Nuestra Madre, la Virgen María, que lo proclamó diciendo: "Mi alma proclama la grandeza del Señor". 

Y añadió: "Esta Palabra le dio la vida, para que ella también nos diera vida a nosotros. La palabra común que escuchamos hoy en nuestro mundo es de 'control y orgullo', mientras que el Santo Pasaje indica que La Palabra es una palabra para los 'humildes y mansos', tal como se menciona en este pasaje: "Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra".

Finalizó pidiendo la intercesión de Nuestra Señora: "Que Nuestra Madre, la Virgen María, nos consuele y nos acompañe y nos ayude a someternos a la Palabra de Dios, para que en nosotros crezca la semilla de la humildad y la confianza".

Después de la comunión, monseñor William Shomali, vicario general, recitó el Acto de Consagración, que vuelve a consagrar Tierra Santa al Inmaculado Corazón de María, pidiendo a Nuestra Señora la paz y la protección de su amada patria.

La tradicional procesión también se llevó a cabo en el patio del monasterio, cantando himnos marianos y oraciones por la paz en Tierra Santa.

Parroquia de Gaza
Desde la parroquia de Gaza, dedicada a la Sagrada Familia, como desde todas las parroquias de la diócesis de Jerusalén -que comprende los territorios de Palestina, Jordania, Israel y Chipre-, los fieles se unieron a esta consagración, según contó su párroco, el padre Gabriel Romanelli IVE, en un mensaje en el que actualiza la situación que se está viviendo en su parroquia. 

El sacerdote argentino, que desde el comienzo de la guerra y “por motivos ajenos a su voluntad”, se encuentra varado en Belén, “lejos físicamente aunque muy cerca de los parroquianos, religiosos y del padre Joseph Iusuf, vicario parroquial”, a cargo de la comunidad parroquial en estos momentos. 

Romanelli recordó que su comunidad parroquial se ha convertido, en estos tiempos, en “una comunidad de refugiados”, que se encuentran bien "junto a Jesús", aunque “saben que el peligro sobre todos los habitantes de Gaza es real”.

“En estos días, la situación en la Franja se agravó aún más, ya que, además de la falta de todo, los bombardeos más fuertes y permanentes siguen sembrando todo el territorio de más muertos, heridos y desplazados”, relató el párroco, quien participó de la Eucaristía que presidió el patriarca Pizzaballa en el santuario mariano.

“Sigamos rezando por el cese de los bombardeos, la atención a todos los heridos, la libertad de los cautivos y la asistencia a las 2.300.000 personas que viven en Gaza,  y que necesitan de todo: desde un lugar donde estar, un abrigo, agua, pan, electricidad, consuelo...”, concluyó el padre Romanelli.

Parroquia Sagrada Familia de Gaza

Acto de Consagración de Tierra Santa al Corazón Inmaculado de María
Oh María, Madre de Dios y Madre nuestra, Reina de Palestina y de Tierra Santa, en este tiempo de prueba acudimos a ti porque nos amas y nos conoces: ninguna preocupación de nuestros corazones te es oculta. Madre de misericordia, ¡cuántas veces hemos experimentado tu cuidado vigilante y tu presencia pacífica! Nunca dejas de guiarnos hacia Jesús, Príncipe de la paz.

Sin embargo, la humanidad se ha desviado de ese camino de paz. Ha olvidado las lecciones aprendidas de las tragedias del pasado reciente, los sacrificios de los millones de caídos en las guerras.

Con nuestros pecados hemos quebrantado el corazón de nuestro Padre celestial, que desea que seamos hermanos y hermanas. Ahora, con vergüenza, clamamos: ¡Perdónanos, Señor!

Madre Santa, en medio de nuestras luchas y debilidades, en medio del misterio de la iniquidad, que es el mal, y de la guerra, tú nos recuerdas que Dios nunca abandona a su pueblo, sino que continúa mirándonos con amor. Él te ha entregado a nosotros y ha hecho de tu Corazón Inmaculado un refugio para la Iglesia y para toda la humanidad.

Ahora llamamos a la puerta de tu Corazón. Nosotros, tus amados hijos. Confiamos en que, en los momentos más convulsos de nuestra historia, no despreciarás nuestras súplicas y acudirás en nuestra ayuda.

Así lo hiciste en Caná de Galilea, cuando intercediste ante Jesús. Para preservar la alegría de las bodas, le dijiste: "No tienen vino" (Jn 2,3). Ahora, oh Madre, repite esas palabras, porque en nuestros días se nos ha acabado el vino de la esperanza, ha huido la alegría, se ha desvanecido la fraternidad. Hemos olvidado nuestra humanidad y hemos desperdiciado el don de la paz. ¡Cuánta necesidad tenemos de tu ayuda materna!

Reina del Rosario, haznos comprender nuestra necesidad de orar y hacer penitencia. Guía a los lideres mundiales y a quienes deciden el destino de las naciones, para que decidan según la justicia y la verdad, y trabajen por el bien común.

Reina y Madre nuestra, muestra a los habitantes de tu patria el camino de la fraternidad. En medio del fragor de las armas, convierte nuestros pensamientos a la paz, y nuestras espadas en rejas de arado. Que tu toque maternal alivie a los que sufren y huyen de los cohetes y las bombas. Que tu abrazo materno reconforte a los que están heridos u obligados a abandonar sus hogares, a los que han perdido a sus familiares, a los prisioneros y a los que están perdidos y cautivos.

Santa Madre de Dios, mientras estabas bajo la cruz, Jesús, al ver al discípulo a tu lado, dijo: "Ahí tienes a tu hijo" (Jn 19,26). De esta manera, Él te confió a cada uno de nosotros. Al discípulo, y a cada uno de nosotros, dijo: "Ahí tienes a tu Madre" (Jn 19,27). Madre María, ahora deseamos acogerte en nuestras vidas y en nuestra historia.

En esta hora, mientras el pueblo de Tierra Santa se dirige a ti, tu corazón late de compasión por ellos y por todos los pueblos diezmados por la guerra, el hambre, la injusticia y la pobreza.

Por eso, Madre de Dios y Madre nuestra, a tu Corazón Inmaculado nos encomendamos y consagramos solemnemente a nosotros mismos, a nuestra Iglesia, a toda la humanidad, a los pueblos de Oriente Medio, y especialmente al pueblo de Tierra Santa, que te pertenece, ya que lo has honrado con tu nacimiento, tus virtudes y tus dolores, y desde allí has dado el Redentor al mundo. Haz que termine la guerra y que la paz se extienda por nuestros pueblos y ciudades.

Que, por tu intercesión, la misericordia de Dios se derrame sobre la tierra y el suave ritmo de la paz vuelva a marcar nuestros días.

Tú, que un día recorriste las calles de nuestra tierra, guíanos ahora por los caminos de la paz. Amén.+