Viernes 25 de septiembre de 2020

Concordia honró a su patrona en el santuario de Federación

  • 15 de septiembre, 2020
  • Federación (Entre Ríos) (AICA)
El obispo de Concordia presidió la Eucaristía y recordó que este año se cumplen 40 años de la proclamación patronal

El obispo de Concordia, monseñor Luis Armando Collazuol, celebró este domingo 13 de septiembre, en el santuario de Federación, la misa con motivo de la festividad en honor de María Inmaculada de la Concordia, patrona de la diócesis, que anualmente reúne a miles de peregrinos en esta localidad entrerriana el segundo domingo de septiembre y que este año debido a las restricciones sanitarias no pudo realizarse, mientras que la Eucaristía del obispo fue transmitida por diversos medios de comunicación y plataformas digitales.

Durante los días de previos se realizó la Novena diocesana preparatoria, que fue transmitida desde diversas parroquias en las cuatro zonas pastorales de la diócesis.

Bajo el lema “María, Madre del Pueblo, esperanza nuestra”, este año la diócesis conmemora además los 40 años de la proclamación patronal en el marco del Congreso Mariano Nacional.

Monseñor Collazuol presidió la misa central en el templo de Federación, donde se venera la imagen de la Inmaculada Concepción y también en los templos parroquiales y capillas de la diócesis se celebró este domingo litúrgicamente a María Inmaculada de la Concordia como una solemnidad en unión a la fiesta diocesana.

En la homilía el obispo recordó que mediante la bula Venerabilis frater del 8 de septiembre de 1980, el papa san Juan Pablo II determinó “que sea y se tenga a la Bienaventurada María Virgen Inmaculada de la Concordia como celestial patrona de la diócesis de Concordia, suplicando al mismo tiempo a Dios, a fin de que aumentados la fe y el amor de los hijos, también sean acrecidos los auxilios de la Madre”. 

El prelado recordó además que también se cumplen 40 años de la primera peregrinación diocesana a su santuario en Federación e invito a celebrar estos aniversarios “con gratitud y esperanza”.

“En medio de las angustias y tristezas de nuestro tiempo, -dijo monseñor Collazuol- hoy acrecentadas por la pandemia que vive la humanidad, volvemos a escuchar el saludo divino a María Virgen: “¡Alégrate, llena de Gracia, el Señor está contigo!” En María, Dios rehace la armonía de la condición humana herida por el pecado. En la Anunciación se inicia un camino de gozo y felicidad, porque en ella está su Señor”, expresó el prelado.

Y agregó: “Pero también se inicia un camino de cruz, porque ese será el de su Hijo. Su paz y gozo en las cosas de Dios no significan que haya sido eximida de los sufrimientos”, subrayó

El prelado indicó que “el de María junto a Jesús es un sendero pascual: alegría y dolor, cruz y gozo” y que Ella “nos muestra el único modo para ser felices: recibir el don de la Gracia, la acción del Espíritu Santo que nos purifica y nos devuelve a Dios como “hijos adoptivos por medio de Jesucristo”; y responder con fidelidad al proyecto de Dios, a su voluntad de hacernos “santos en su presencia por el amor”.

“Como en María, -señaló el obispo de Concordia- la alegría y la cruz son propias de nuestro ser cristiano, del discípulo servidor que busca una fidelidad creciente a la obra de Dios y a las necesidades del prójimo. Gozo y cruz en el Espíritu caracterizarán siempre el camino de los discípulos que quieran hacer del servicio a los hermanos su nota distintiva”.

E invocando al Espíritu Santo el prelado pidió nos conceda “el don de la alegría en el servicio y de la esperanza en la cruz, la nuestra y la de tantos hermanos. 

Y que “imitando la generosa fidelidad de María Santísima al Plan de Dios, con nuestra conversión personal y comunitaria, aprenderemos a responder a las exigencias de nuestro pueblo que sufre por la falta de certezas, de verdades, de sentido de Dios; que está angustiado por la pandemia, las injusticias, la corrupción, la inseguridad y el hambre; que necesita la redención del pecado, que es el mayor sufrimiento. Somos ese pueblo angustiado y dolido, pero hemos sido convocados para ser Pueblo de Dios, que es signo e instrumento de vida nueva. +

» Texto completo de la homilía