Martes 14 de julio de 2020

El arzobispo de La Plata ofrece una oración sanadora de cuarentena

  • 1 de julio, 2020
  • La Plata (Buenos Aires) (AICA)
Monseñor Víctor Fernández ofrece una oración para sanar el interior de los nerviosismos y cansancios que se acumulan en la cuarentena: "Solo hace falta relajarse y permitir que el Señor haga su obra".

El arzobispo de La Plata, monseñor Víctor Manuel Fernández, ofreció una extensa oración para sanar profundamente el interior de los nerviosismos y cansancios que se acumulan en la cuarentena por la pandemia del coronavirus.

"Se trata de respirar profundo y relajarse entre una estrofa y otra y permitir al Señor que haga su obra, sin prisa", propone.

Oración sanadora de cuarentena

“Vengo a tu presencia, Señor,
a pedirte que restaures mi vida.
 
Señor, en este tiempo duro
a veces me perturban las ansiedades
y las impaciencias.
Pasa por todo mi ser y pacifícame
Dios de luz y de paz.
Aplaca mis nerviosismos e inquietudes.
Derrama en mi interior tu inmensa calma.
 
Tú eres mi protección,
rodéame con tu presencia
para que ningún mal me alcance.
Llena mi existencia con tu gloria,
cúbreme con tu fuerza protectora.
 
Pacifícame Señor
  
Gracias porque estás conmigo en todo lo que me pasa,
y me ayudas a aprender algo de cada cosa que me suceda,
también de mis fracasos y errores.
Ayúdame a perdonarme a mí mismo
por mis errores y malos momentos,
para que sepa empezar siempre de nuevo.
 
Penetra dentro de mí con tu Espíritu Santo
y purifícame de todo mal sentimiento.
Cura toda tristeza, toda desilusión,
todo resentimiento.
Deja dentro de mí sólo tu paz.
Permíteme descansar
un momento en tu presencia
para que pueda vivir
con salud y gozo.
  
Pacifícame Señor
 
 A veces en este tiempo me duele la sensación de soledad.
Creo que todos me ignoran o que no me valoran,
que me olvidan,
que nadie me ama realmente,
que no me toman en serio,
que no soy importante para nadie.
Vuelve a brotar esa vieja herida de abandono.
Sáname con la fuerza de tu amor.
Libérame del dolor de la desilusión
y sáname Señor.
 
Vengo ante ti
a recordar que realmente estás conmigo.
Toca mi corazón, Señor de mi vida,
para que reconozca tu amor,
amor fuerte, firme, seguro, fiel,
amor desinteresado, generoso, libre, sano.
Ningún otro afecto en esta tierra
podrá colmar esa necesidad.
  
Pacifícame Señor
  
Dame un corazón compasivo
con los pobres, con los enfermos, con los que están sufriendo.
Los pongo en tus manos Señor.
Te ofrezco por ellos mis cansancios,
mis momentos áridos, mis angustias.
No dejes que me encierre en mis comodidades y lamentos
mientras otros tienen problemas mucho más graves.
 
Quiero unirme con el afecto
a toda la humanidad que está angustiada por sus males
y aceptar que no haya completa paz para mí
mientras otros estén padeciendo.
Nadie puede sentirse bien
si no tiene un corazón compasivo.
Pasa tu mano por mi interior
y sana mis egoísmos, mi individualismo, mi aislamiento.
  
Pacifícame Señor
 
 A veces me perturban
las actitudes de los demás.
Regálame la gracia del perdón liberador
y el deseo sincero de comprender
las debilidades de los demás.
Quiero mirarlos con tus ojos de amor y compasión.
para vencer el mal con el bien.
 
Señor, dame la gracia de disfrutar
de los momentos en que me comunico con los demás,
sin exigirles que me den más de lo que pueden ofrecerme.
Tú eres el único que puede penetrar
hasta el fondo de mi corazón vacío,
para colmarlo de calor y de afecto generoso.
 
Hazme libre por dentro, Señor,
no quiero estar siempre esperando
una retribución afectiva de los demás,
como si fuera un pobre mendigo
de tiempo y de afecto.
¡Sáname y libérame Señor!
  
Pacifícame Señor
  
Este tiempo de prueba se me hace largo.
Pero todo pasa, todo pasa, todo pasa.
 
Este mal que sufro
no será eterno.
Pasará como pasaron tantas cosas
y saldré liberado, purificado, renovado.
  
Pacifícame Señor
 
Hay muchas cosas lindas en la vida,
enséñame a gozar también de la soledad
y de los buenos momentos.
Sana mis insatisfacciones
y enséñame a aceptarlas
con humildad y con paz.
 
No estoy abandonado.
Tu brazo me rodea y tu mirada me ilumina.
Por eso puedo caminar feliz,
respirar profundo,
agradecerte la tierra que pisan mis pies,
y el universo que me contiene.
  
Pacifícame Señor
 
 Rodeado por tu amor
puedo caminar con dignidad
sin aferrarme a nada.
Porque yo tengo mucho valor,
y no vale la pena
que me entregue a la tristeza.
Gracias Señor
por tu infinito amor.
 
Libérame Señor,
del desaliento, la impaciencia o la desilusión.
Señor, a veces me vuelvo a equivocar.
Cometo errores.
Pero no quiero quedarme postrado
porque sé que allí estás tú, mi Padre,
porque puedo reconocer tu mirada de amor
y tus brazos que quieren levantarme.
 

Pacifícame Señor
 
 Dios mío, tú eres pura paz,
en ti no hay violencia.
Rodéame con tu fuerza infinita.
¡Abrázame Padre!
Que la sangre preciosa de Cristo
cubra todo mi ser
como un escudo protector.
Lléname con el poder de tu Espíritu.
 
Rodea y protege mi casa, mi cuerpo,
mis seres queridos.
 
Sólo tú eres el Señor, glorioso,
inmensamente bello, pura hermosura,
luz infinita, radiante de gloria.
Sólo abandonándome a ti
podré sanar mis angustias,
sabiendo que nada es absoluto. Sólo Tú.
  
Pacifícame Señor
  
Tú me amas de verdad, me aprecias, me valoras.
Quiero vivir la serena alegría que me ofreces,
el gozo de un corazón sano y libre,
que es capaz de gozar con las pequeñas cosas.
 
Sana, Señor, mis sentimientos de insatisfacción
porque hay algo en mí que está herido.
Dame un corazón humilde y simple.
Colma mi interior insatisfecho como tú quieras.
Prefiero confiar en tu amor,
ponerme en tus manos,
y dejar que tú me hagas feliz como quieras
que me des lo que necesita mi corazón
como a ti te parezca.
  
Pacifícame Señor
  
Limpia mi interior de todo resentimiento.
No permitas que me debilite y me desgaste
recordando lo que me dijeron o me hicieron,
no dejes que me entristezca
pensando en lo que dicen de mí por allí.
Sana mi orgullo herido
y ayúdame a recordar que la vida es corta
y que no vale la pena desperdiciarla en lamentos.
Libérame Dios mío, para que pueda respirar feliz
y caminar sin ataduras interiores.
 
Dame paciencia con los demás.
Enséñame a comprender profundamente lo que les pasa.
Dame fuerza para tolerar
sus palabras duras y sus incomprensiones
y ayúdame a entender sus silencios.
  
Pacifícame Señor
 
 Renuévame por dentro, santifícame,
libérame, límpiame y lléname de ti.
 
Jesús, mi Redentor, confío en ti.
Tú me lavaste de mis pecados con tu sangre
y me redimiste con tu muerte.
Dame un corazón nuevo como el tuyo,
rocíame con tu sangre y quedaré limpio.
  
Pacifícame Señor
  
Vengo a buscarte Señor,
para que sanes mis miedos,
para que me llenes con tu poder y tu fuerza infinita.
Tengo miedo a muchas cosas, y necesito tu protección.
Pero el peor peligro no está afuera.
El peor enemigo está dentro de mí, soy yo mismo.
Lo que más me debilita y me hace daño es mi miedo,
es mi desconfianza.
Sana ese interior desconfiado y orgulloso
y ayúdame a aflojar mi interior para dejarme llevar.
 
En este instante quiero perderme en ti Señor, en el abismo de tu amor,
y me imagino que estoy entrando en el océano infinito de tu presencia.
Mi Dios, mi todo, mi fin, mi destino.
Ayúdame a descubrir tu presencia maravillosa y a vivir en tu luz
cada dificultad que me toque atravesar.
  
Pacifícame Señor
 
 Hazme fuerte con tu poder e ilumina aquellas zonas oscuras de mi alma.
Penetra en mí con toda tu fuerza y afirma mi interior.
Rodéame con tu infinita gloria
para que nada ni nadie pueda dañarme.
 
Quiero aceptarte a ti como Señor
de todo mi futuro y de todos mis planes.
Que todo suceda como te parezca mejor.
Muéstrame interiormente que yo no soy un dios
y que no puedo construir el futuro
sólo con mi mente pequeña y limitada
o con mis pobres fuerzas.
Ayúdame a ver lo bello que es depender de ti,
dejando cada cosa en tus manos.
En ti seré fuerte.
Sólo Tú eres Dios. Tú me protegerás
y en ti todo estará seguro y feliz.
  
Pacifícame Señor
 
 Dios mío, Tú eres el importante.
Eres  el infinito, que todo lo sostienes con tu poder sin límites.
No dejes que me llene de ansiedad detrás de proyectos obsesivos,
porque nada de este mundo vale tanto, nada es absoluto.
Señor, cura mi ansiedad con tu mirada paciente.
 
Sana, Dios mío, las raíces de mi tristeza,
llega hasta el fondo de mis males
para que pueda recuperar el verdadero gozo.
Eso espero de tu amor, mi Señor poderoso.
No dejes que me entregue en los brazos enfermos de la melancolía,
no permitas que beba del veneno de los lamentos,
las quejas, el desaliento. No valen la pena.
  
Pacifícame Señor
  
Ayúdame a confiar, Señor, sabiendo que también de los males
puedes sacar algo bueno.
Aplaca mi interior inquieto,
cura las tensiones del cuerpo y de mi interior,
para que enfrente con calma y seguridad interior
todo lo que me suceda.
 
Vive conmigo Señor, enfrenta conmigo los desafíos y las dificultades
que ahora tengo que resolver.
Porque contigo todo terminará bien.
  
Pacifícame Señor
  
Infinito Dios, puro poder y fuerza sin límites.
Tú eres mi creador.
Yo no soy la obra de un ser débil o cansado.
Soy obra tuya, Dios todopoderoso.
Por eso confío en ti, Señor,
y te ruego que derrames todavía más tu poder en mi vida.
Dios, infinitamente potente y fuerte, que todo lo sostienes,
mira mi debilidad y penetra todo mi ser
con ese poder que no tiene límites.
 
Fortalece cada fibra de mi cuerpo y de mi interior.
Así, yo sé que nada podrá derribarme,
porque ningún poder humano,
ninguna enfermedad y ninguna dificultad
pueden ser más fuertes que tú.
  
Pacifícame Señor
  
Necesito que penetres con tu fuerza creadora todo mi ser.
Arranca de mí toda idea y todo sentimiento
que me debilite por dentro.
Purifica mi interior de toda confusión
que me haga sentir íntimamente frágil.
Llévate todas las cosas muertas que ocupan mi interior
y no me dejan entregarme a la vida.
Renuncio a todo lo que ya murió y me lanzo hacia adelante
con la pujanza del Espíritu Santo.
 
Señor, con esa potencia que creó todo lo que existe,
llena de vigor mi existencia,
para que experimente tu poderío divino que me protege y me fortalece.
Ayúdame a caminar sabiendo que estoy firme,
rodeado y sostenido por tu presencia poderosa.
  
Pacifícame Señor
  
Ayúdame a reconocer que cada ser humano
es obra de tus manos de Padre,
a cada uno le diste la vida con ternura,
cada uno es un proyecto de tu amor eterno
y en todos pusiste algo valioso.
No dejes que me vuelva enemigo de la gente,
no permitas que me convierta en un juez implacable.
 
Bendice a todos mis seres queridos con tu poder infinito.
Protégelos de todo mal y de todo peligro.
No permitas que nada ni nadie les haga daño,
y dales salud en el cuerpo y en el alma.
  
Pacifícame Señor
  
Puedo enfrentarlo todo
porque lo importante es que estás tú, Señor,
y cada vez que me falta algo
estás tú haciendo nacer algo nuevo.
Cada vez que pierdo algo,
estás tú ofreciéndome cosas nuevas.
Cada vez que siento que alguien me abandona,
estás tú todavía más cerca de mí
ofreciéndome más y más de tu amistad.
Cada pérdida es un aprendizaje, un nuevo camino de vida
para reencontrarte con más profundidad.
Gracias Señor amado.
 
Te entrego todo mi futuro Señor,
me quedo en tus brazos potentes
y en ti pongo toda mi confianza.
Puedo enfrentar cualquier cosa,
y de todo sacaré algo bueno,
porque tu poder hace maravillas.
Pase lo que pase
Todo terminará bien.
  
Pacifícame Señor
 
 Mi vida tiene un valor inmenso,
mi persona es muy importante para ti.
 Pero yo a veces no me aprecio a mí mismo,
me detengo a lamentar mis imperfecciones,
o a llorar mis errores,
y estoy demasiado pendiente de mi imagen.
 
Otras veces me detengo a mirar con envidia
lo que otros tienen, la belleza de los demás,
sus capacidades o sus éxitos.
Así no reconozco las cosas buenas que pusiste en mí,
y olvido que para ti soy precioso.
  
Pacifícame Señor
  
Padre amado,
soy un fruto de tu infinita ternura,
y me creaste a tu imagen.
Quiero amarme a mí mismo
como tú me amas,
quiero respetarme
porque sé que tú me respetas.
 
Jesús, enséñame a amarme tal como soy,
a descubrir las cosas buenas que hay en mi ser,
porque yo también, así como el Padre me creó,
soy una nota importante
en la canción del universo.
Tanto valgo para ti,
que entregaste tu vida en la cruz por mí
y me amaste hasta el fin.
  
Pacifícame Señor
  
Espíritu Santo, inunda lo más íntimo de mi ser
con la fuerza de tu amor.
No dejes que me deteste a mí mismo
por los errores que cometí
o porque no pude cumplir algún sueño.
Esos errores no me quitan la dignidad que me diste
y no deben frenarme en mi camino.
 
Dame la gracia de ser paciente conmigo mismo
y de no quedarme atrapado en lo que no pudo ser.
Enséñame a buscar nuevos caminos.
Porque valgo mucho para ti y me quieres lleno de vida.
Arranca de mí todo sentimiento de desilusión,
todo pesimismo.
Nada de eso me hace bien, llévatelo Señor.
  
Pacifícame Señor
 
 Te doy gracias, mi Creador,
por la sangre que corre intensamente y me mantiene vivo.
Te doy gracias porque puedo respirar,
siento el calor del sol y la caricia del aire.
Gracias por todas las cosas buenas que puedo hacer,
pequeñas o grandes.
Gracias por cada simple regalo cotidiano, Señor mío.
Gracias.
 
Dame el don de mirar el horizonte,
de ampliar la mirada,
porque la vida es más que mis pequeños sentimientos.
Estimúlame Señor, para que busque siempre algo más en la existencia.
 
Entro en tu océano de luz y de paz infinita
para vivir cada momento
y cada pequeña cosa
con tu fuerza divina.
¡Gloría a ti
Dios de amor y de belleza!
  
Pacifícame Señor. Amén. Amén.

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