No "cristianos ocasionales", sino discípulos activos de Cristo, pidió León XIV durante su último Ángelus en la Plaza de San Pedro antes de partir hacia la residencia de verano en Castel Gandolfo.
El pontífice también recordó el "grito doloroso" de las víctimas de la guerra y llamó al diálogo.
Al recibirlos en audiencia les advirtió que "Hoy, con tanta frecuencia, perdemos la capacidad de escuchar, de escuchar de verdad".
León XIV animó a las participantes en el Capítulo general de las Hermanas Agustinas, Siervas de Jesús y María, a seguir el ejemplo de su fundadora, la venerable María Teresa Spinelli.