Miércoles 5 de agosto de 2020

Mons. Azpiroz Costa: "La fecundidad del terreno depende de la gracia de Dios"

  • 14 de julio, 2020
  • Bahía Blanca (Buenos Aires) (AICA)
Al celebrar la misa del 15° domingo durante el año, el arzobispo de Bahía Blanca, monseñor fray Carlos Azpiroz Costa OP, se preguntó: "¿Si mi terreno es estéril, qué debo hacer?".

Al celebrar la misa del 15° domingo durante el año en la catedral, el arzobispo de Bahía Blanca, monseñor fray Carlos Azpiroz Costa OP, habló sobre la parábola del Evangelio y se preguntó: “¿Si mi terreno es estéril, qué debo hacer?”, y afirmó: “La fecundidad del terreno depende de la gracia de Dios”.

“Lluvia, campo, tierra, semillas, cosecha… todo eso hemos escuchado hoy y es palabra de Dios”, comenzó diciendo el arzobispo sobre el Evangelio. “La lluvia nos habla de consolación, porque entre la cercanía y la lejanía de Dios, media su Palabra, que baja del cielo para realizar y revelar la salvación”, dijo sobre la primera lectura. “La lluvia es bendición primaria, don activo que desata actividad”, afirmó, porque “la lluvia pone en movimiento un ciclo y nos hace mirar al cielo”.

Al referirse a la carta de San Pablo en la segunda lectura, monseñor Azpiroz Costa dijo que “los sufrimientos presentes también son signos de la pertenencia de Cristo”, porque “no podemos sólo caminar por la gloria futura”. El prelado advirtió “estamos en tiempo de espera y no de cumplimiento definitivo y la esperanza nos ayuda a saber hacia dónde vamos”.  

“El presente y el dolor no saca al cristiano del mundo, sino que lo compromete, lo ayuda a asumirlo, a abrazarlo. No por masoquismo, sino porque comprende el dolor de los demás. Le permite la fe y la esperanza de observar y contemplar con ojos diversos el sufrimiento”.

Monseñor Arzpiroz Costa expresó que “creación y redención son dos etapas de un mismo itinerario. El diseño de Dios es uno, unitario. El hombre y el cosmos, la creación, la casa común. El papa Francisco con Laudato si’ nos ayuda a comprender este texto paulino”. Y aunque “la escritura dice que el hombre está puesto para dominar la creación, nosotros hemos leído que el hombre se hace pleno cultivando la creación”.

“El mismo Espíritu gime en nosotros y este gemido anhela la plena realización de nuestra filiación adoptiva, que significa: somos hijos de Dios”, continuó el prelado. Y explicó: “Jesús, a través de parábolas nos ayuda a comprender la dinámica del Reino de los Cielos”. Pero aclaró que “la parábola no es un cuentito”, sino que “son palabras claras al oído que necesitan ser reunidas” y que “nos dejan abiertos al misterio”

Sobre la parábola de este domingo el arzobispo dijo: “La semilla es él mismo, que fecunda, que se multiplica que da alimento. La semilla es pequeña, contiene un valor, un código genético, que está llamado a multiplicarse y, a su vez, que tiene una fuerza inusitada, un dinamismo superior al imaginado, que logra romper cornisas, lápidas, que rompe el suelo, el cemento, las azoteas. Pero lo que cambia en la parábola de hoy es el terreno”. 

“En los tiempos de Jesús, los terrenos eran muy irregulares, rocosos. No son los grandes campos inmensos que vemos hoy. Al ser irregulares el sembrador sembraba ‘al voleo’, arriesgando, con fatiga…”, describió.” La siembra es experiencia de fatiga, pero con una esperanza firme, y también dolorosa por el miedo al fracaso y el tiempo que se necesita para madurar, pero se consigue una cosecha abundante”. 

Entonces, el prelado comparó a los hombres con el terreno: “Hay terrenos que son de distracción, al borde del camino, los pajaritos se la llevan; otro es el pedregoso, es superficial que no nos permite ser fecundos; otro es el de las espinas, el terreno del ahogo; y otro es el fecundo”.

Al concluir, monseñor  Azpiroz Costa se preguntó: “¿Y si mi terreno es estéril, qué debo hacer?”, y afirmó: “La fecundidad del terreno depende de la gracia de Dios”.+