Martes 28 de mayo de 2024

Mons. Buenanueva destaca los frutos de un retiro predicado por una monja benedictina

  • 25 de abril, 2024
  • San Francisco (Córdoba) (AICA)
El obispo valoró la predicación de la hermana María Luz y, además de una vivencia personal, citó testimonios de los sacerdotes que participaron de esa instancia espiritual.
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El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Buenanueva, destacó los frutos del retiro del presbiterio diocesano que predicó la hermana María Luz OSB, y citó testimonios de agradecimientos de quienes participaron de esa instancia espiritual en la casa de retiros Betania.

En su reflexión habitual, el obispo afirmó que siempre le ha gustado imaginar la Tradición viva de la Iglesia como “un río caudaloso que nace en las alturas de la montaña, pero que, cuando llega a la llanura, el ímpetu inicial toma la forma de un caudal sereno pero fuerte y profundo, paciente y constante y que, de esa form,a va irrigando y fecundando las tierras por las que dibuja su curso”.

“Su caudal lo forman la Tradición apostólica, a la que se van sumando las innumerables tradiciones espirituales, apostólicas, teológicas, místicas, sociales y culturales que muestran el rostro luminoso del humanismo cristiano, que prolonga en la historia la Encarnación y la Pascua”, agregó.

Monseñor Buenanueva subrayó que, “de ese caudal, forma parte la tradición benedictina, con su modo tan propio y sabroso de leer a Dios en la lectio divina de las santas Escrituras; su teología mística y afectiva; su vivencia profunda del servicio divino en la liturgia, uniendo mente, labios y corazón; su hospitalidad generosa y católica; pero que, cuando se expresa a través del genio femenino, adquiere una elocuencia particularmente bella e incisiva”.

“¿Puede una mujer, monja contemplativa, benedictina en este caso, guiar una tanda de ejercicios a un presbiterio (obispo y presbíteros), conformado por varones empeñados en la labor apostólica?”, planteó, y respondió: “Sí, puede. Claro que puede. De hecho, es lo que hemos experimentado en estos días. Los testimonios que abajo transcribo dan cuenta de ello. Con la elocuencia de la realidad, esa pregunta se responde cabalmente”.

“Y, si no bastara o no convenciera la experiencia vivida, vale también argumentar un poco, sin perder de vista la fuerte vivencia que hemos tenido en estos ejercicios”, valoró.

Tras profundizar su análisis sobre los sacerdotes como hombres y discípulos, puso como ejemplo su vivencia personal: “Fui tocado de manera muy intensa por la meditación sobre el Cantar de los Cantares, cuya lectio hizo vibrar el deseo de Dios. Tuvo como título: ‘Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?’”

“Una monja o un monje, aun considerando todo lo que los distingue de un laico, de un obispo o un cura, tienen, sin embargo, muchos más puntos en común. Es mucho más lo que los une que aquello que los separa”, sostuvo.

“Una monja o un monje viven radicalmente algo que no puede faltar en el corazón de la experiencia espiritual de todo bautizado, también de aquellos que tenemos una vocación apostólica: somos del Señor y para el Señor, y nuestra misión es abrir el mundo a la acción del Espíritu”, concluyó.+