Lunes 28 de septiembre de 2020

Ordenaron siete diáconos permanentes en San Isidro

  • 20 de noviembre, 2019
  • Tigre (Buenos Aires) (AICA)
Monseñor Oscar Ojea ordenó siete nuevos diáconos permanentes

El obispo de San Isidro, monseñor Oscar Ojea, ordenó siete nuevos diáconos permanentes imponiéndoles las manos en una misa concelebrada el domingo 17 en la iglesia parroquial San Juan Bautista, en Ricardo Rojas, partido de Tigre.



El altar se levantó fuera del templo y los bancos y sillas para los asistentes se dispusieron en la plaza de enfrente, parte de ellos bajo la sombra de los árboles en un mediodía a pleno sol. En el frente de la iglesia había un cartel con el lema de la ordenación, “Dénles ustedes de comer” y otro con los nombres de los nuevos diáconos.



Éstos provienen de diferentes parroquias y cada uno eligió un lema para su ministerio: Ricardo Ciccone, de Santa Teresita del Niño Jesús, Florida (“Solo Dios basta”, Santa Teresa de Ávila); Sergio Díaz, de Nuestra Señora de Luján, Don Torcuato (“Todo lo puedo en aquel que me conforta”, Filipenses 4,13); Gabriel Alejandro González, de Purísima Concepción, General Pacheco (“Habiendo sido yo alcanzado por Cristo Jesús”, Filipenses, 3,12); Mario Palucci, de San Pablo, Virreyes, (“Es necesario que Él crezca para que yo disminuya,Juan 3,20); Alejandro Vago, de San José, San Isidro (“Felices los que creen sin haber visto”, (Juan,20, 29); Carlos Valdivieso, de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Rincón de Milberg (“Estaba desnudo y me vistieron, tuve hambre y me dieron de comer, Mateo 25, 36) y Miguel Ángel Vázquez Alfaro, de San Juan Bautista, Ricardo Rojas (“Para que Dios sea todo en todos”, 1 Corintios 15,28).



Monseñor Ojea, que también preside la Conferencia Episcopal Argentina, concelebró la misa con sus obispos auxiliares, Martín Fassi y Guillermo Caride, y numerosos sacerdotes.



Los pobres, un encuentro, no una discusión teórica

Era la Jornada Mundial de los Pobres y en su homilía monseñor Fassi dijo que podemos estar en muchas discusiones teóricas o ideológicas sobre la pobreza y no darnos cuenta de que hay un pobre, sufriente, vulnerable, que nos está tendiendo la mano. Los pobres, aquellos que conocemos y que estamos invitados a conocer –vulnerables, débiles, ancianos-, dijo, nos descubren la realidad porque están prendidos de lo esencial para vivir. Animó a confiar en el Señor, como niños: “Los chicos están concentrados en el juego porque viven confiados en que alguien los cuida… y cuando eso no ocurre la herida es tremenda”.



Recordó a los ordenandos su misión de servicio, de animar a sus comunidades “a ser imagen de Cristo servidor”. Y dijo que estamos invitados a ser una Iglesia en salida, no para llenar el templo, sino para ir al encuentro del otro. A estar siempre atentos, a no distraernos de la verdad del Evangelio.



El rito de ordenación

“Acérquense los que van a ser ordenados”, dijo el obispo. “Doy fe de que son dignos”, declaró el sacerdote presentador. A lo que respondió el obispo: “Elegimos a estos hermanos nuestros para ser ordenados”.



Cada uno de rodillas prometió respeto y obediencia al obispo y a sus sucesores, y el prelado pidió que Dios complete y perfeccione la obra que Él mismo ha comenzado.



Luego, quienes se ordenaban permanecieron un momento postrados, mientras se cantaban las letanías de los santos y el obispo rezaba oraciones. Son todos casados y detrás de ellos estaban sus esposas, de pie. El obispo rogó a Dios: “Envía sobre ellos el Espíritu Santo para que fortalecidos por la gracia de sus siete dones desempeñen con fidelidad su ministerio”.



Al final hubo aplausos entre los fieles cuando se dijo: “La Iglesia diocesana tiene siete nuevos diáconos”.



"Practica lo que enseñes"

Luego, el obispo entregó a cada uno un tomo del Evangelio, diciéndole: “Recibe el Evangelio de Cristo, del cual eres mensajero, cree lo que lees, enseña lo que crees y practica lo que enseñes”.



Los nuevos diáconos distribuyeron la comunión entre los asistentes. En la diócesis hay muchos diáconos permanentes, lo que se pudo advertir por la presencia a un costado del altar con sus albas blancas y la estola cruzada sobre el pecho.+ 



(Jorge Rouillon)