Miércoles 2 de diciembre de 2020

El Papa recordó el testimonio del beato Popieluszko y del sindicato polaco Solidarnosc

  • 3 de diciembre, 2019
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
Palabras dirigidas a los participantes en la conferencia dedicada al beato padre Jerzy Popieluszko

“Les agradezco el mantenimiento de la memoria de este celoso sacerdote y mártir que, brutalmente asesinado por los servicios comunistas, dio su vida por el amor de Cristo, de la Iglesia y de los hombres, especialmente los privados de libertad y de dignidad”, dijo el Santo Padre al saludar hoy, durante la audiencia general, a los fieles polacos, en particular a los organizadores y participantes en la conferencia dedicada al beato padre Jerzy Popieluszko, que tuvo lugar en la Universidad Urbaniana, en la inauguración de la exposición dedicada a él.



Ese período de la historia polaca también fue el foco de la reunión que tuvo lugar antes de la audiencia general. Francisco recibió al Consejo de Gobierno del sindicato polaco Solidarnosc, con motivo del 40 aniversario de su fundación. En su saludo, el Papa recordó que Solidarnosc “ha sido protagonista de los cambios políticos y sociales en su tierra natal y desempeñó un papel inspirador más allá de sus fronteras”.



“La palabra solidaridad se ha desvanecido un poco y, a veces, se la malinterpreta, pero indica mucho más que un acto esporádico de generosidad”. Es una sensibilidad a la voz de los hermanos y hermanas que fueron privados del derecho a condiciones de trabajo dignas, a la justa recompensa necesaria para el apoyo familiar, la atención médica o el descanso, dijo el pontífice en su discurso.



“En diálogo con el Estado y con la sociedad, la Iglesia no tiene soluciones para todas las preguntas particulares. Sin embargo, junto con las diversas fuerzas sociales, acompaña las propuestas que pueden responder mejor a la dignidad de la persona humana y al bien común”.



Debe recordarse que la condición para los cambios positivos en las estructuras sociales es, sobre todo, el cambio en la mentalidad, las convicciones y las actitudes, para lo cual las generaciones más jóvenes deben ser educadas. De lo contrario, las mismas nuevas estructuras, tarde o temprano, ya no servirán al bien común, sino a grupos particulares, y se volverán corruptas, pesadas e ineficaces, e incluso dañinas”.



“Pido a Dios -concluyó- los dones del Espíritu Santo para vosotros y para todos los miembros de vuestro sindicato, para que las iniciativas que emprendáis se inspiren siempre en la regla cristiana: “Ayúdense mutuamente a llevar sus cargas”. Invoco la intercesión de la Madre de Dios, Reina de Polonia, deseando la fructuosa perseverancia de su labor de asistencia y apoyo. ¡Que Dios los bendiga!”. +

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