Domingo 20 de septiembre de 2020

Los obispos chilenos centran su asamblea plenaria en el drama de la pandemia

  • 24 de abril, 2020
  • Buenos Aires (AICA)
Mensaje conclusivo de la 120ª asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal de Chile.

"Queremos que nadie se sienta solo en este tiempo, que a nadie le falte una voz esperanzadora", afirman los obispos en el mensaje conclusivo de la 120ª asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal de Chile, realizada esta semana por videoconferencia.



"No nos salvamos solos" es el título del mensaje, dado a conocer este viernes 24 de abril, luego de concluir el plenario episcopal dedicado mayormente a abordar las consecuencias de la pandemia del coronavirus en la sociedad y en la Iglesia chilena.



En su reflexión, los obispos y administradores animan a los católicos y a los ciudadanos a actuar con responsabilidad, siguiendo estrictamente las indicaciones de la autoridad sanitaria en cada lugar y momento, cuidándonos unos a otros, y muy especialmente a los más vulnerables.



Plantean que en este tiempo, el Señor urge a ser cercanos y atentos a los más pobres y desprotegidos ante la pandemia: "Personas sin techo o sin hogar, adultos mayores, inmigrantes, grupos familiares que viven en hacinamiento, sin agua y sin condiciones de salubridad ni conectividad. Junto al dolor de quienes han perdido a familiares o los ven sufrir, nos conmueven también los episodios de violencia al interior de la familia, el miedo y los problemas de salud mental a causa de esta crisis", puntualizan.



Los pastores chilenos también se refieren a la incertidumbre sobre el año escolar, la quiebra de emprendimientos o el fracaso de proyectos. Y con especial preocupación ven que muchas personas y familias perderán sus fuentes laborales y que ello implica angustia y falta de recursos para la subsistencia familiar. "Este drama nos interpela a promover una solidaridad activa y a trabajar en un pacto social para aminorar el impacto de la cesantía y sus consecuencias. Este empeño requiere el esfuerzo de todos, sin excepción".



Afirman que se sumarán esfuerzos desde la Iglesia para ofrecer una red de acompañamiento, escucha y solidaridad. "Queremos que nadie se sienta solo en este tiempo, que a nadie le falte una voz esperanzadora", sostienen.



Además de poner a disposición de la autoridad recintos e instalaciones que se necesiten, anuncian que toda la pastoral social e instituciones de la Iglesia, a nivel nacional y en cada diócesis, están trabajando en proyectos que nos permitan una efectiva asistencia a los mas afectados por esta situación.



Junto con apreciar las políticas públicas que van en ayuda de los más necesitados, invitan a "vivir una solidaridad que nos comprometa y que exprese fuertemente nuestro deber de fraternidad, que brota del Evangelio".



Con "infinito agradecimiento", reconocen el generoso compromiso de autoridades políticas, del personal sanitario, auxiliares, agentes de seguridad y de las Fuerzas Armadas y de Orden, empresarios, trabajadores y voluntarios de distintos ámbitos que, con su esfuerzo, han permitido la atención de los enfermos y la ayuda a toda la población.



El mensaje también se refiere a la drástica reducción de actividades pastorales y celebraciones litúrgicas, con el fin de prevenir posibles contagios de Covid-19 en aglomeraciones. "Somos conscientes de que muchas personas desearían volver a participar presencialmente en la vida sacramental, pero en las actuales circunstancias ello no resulta siempre posible. Es una medida excepcional y temporal, que esperamos revertir progresivamente cuando las condiciones lo permitan".



La Iglesia seguirá utilizando de manera creativa la televisión, radio y plataformas digitales para que la Palabra de Dios y las celebraciones litúrgicas lleguen a los hogares. Los obispos y administradores agradecen el esfuerzo que han realizado los sacerdotes, diáconos y personal consagrado en este sentido.



Los obispos chilenos recuerdan el mensaje que la dignidad de la persona humana debe ser el centro de toda política pública, y el país espera de todos los actores y autoridades una actitud dialogante, no confrontacional.



"No es solo una estrategia; es un imperativo ético mirar más al bien común que a las causas o proyectos particulares. No basta el aplanamiento de una curva o el cumplimiento de una meta económica para superar esta crisis. El trasfondo, antes que sanitario o económico, es el drama humano ante nuestros ojos", aseveran.



Informes: www.iglesia.cl.+