Sábado 19 de septiembre de 2020

Reflexiones de la Comisión de Educación Católica de Neuquén

  • 11 de agosto, 2020
  • Neuquén (AICA)
La Comisión Diocesana de Educación Católica de Neuquén compartió las reflexiones y los desafíos de este tiempo de pandemia.

La Comisión Diocesana de Educación Católica de la provincia del Neuquén, compartió su experiencia en estos tiempos, las nuevas realidades, los cambios y desafíos que suscitó la pandemia en las comunidades educativas, las necesidades de estudiantes, familias y docentes, y la presencia de Dios en el camino.

Para empezar, detallaron que en los últimos años, y en el marco del nuevo diseño curricular de la provincia, han tratado de: Poner foco en los estudiantes como protagonistas de su propio aprendizaje;  instrumentar una metodología activa de aprendizaje por proyectos interdisciplinarios que apunten a la formación de competencias para la vida; y mantener viva la transmisión de valores evangélicos a través de los contenidos educativos.

“El aislamiento social y obligatorio expuso a familias y estudiantes a distintas desigualdades tales como la accesibilidad a la educación, a la comunicación virtual, a los alimentos o al mínimo de condiciones habitacionales básicas para estudiar”, advirtieron.

“En el caso de algunas escuelas del área de la ciudad de Neuquén, casi el 75 por ciento de sus familias están siendo asistidas con alimentos, a las que se suman otras familias de barrios marginales que, a su vez, son apoyadas por la expansión de estas acciones solidarias”, detallaron.

En ese marco, sin dejar de lado la función primordial de acompañar los procesos de aprendizaje, también se desarrollaron proyectos vinculados a brindar herramientas que ayuden a la comunidad, como la promoción de huertas domésticas y el acceso a libros. 

De todas formas, señalaron, “la mayor fuerza está en la oración y en la fe, confiando que de esta experiencia podremos salir más fortalecidos, habiendo cosechado aprendizajes verdaderamente significativos”.

“La coyuntura nos anima a poner en ejemplos las situaciones que queremos recalcar”, afirmaron, y enumeraron:

“En muchos parajes, es difícil llegar a estudiantes cuyas familias viven en el campo. Se trabajó conjuntamente con las Secretarías de Desarrollo Social de las localidades para acercarles material de estudio, alimentos y ropa de abrigo”.

“El papel de la familia, que siempre ha sido relevante, pasó a ocupar un rol importantísimo en el sostenimiento de los hábitos de estudio. Se evidenciaron desigualdades a raíz de la brecha tecnológica, tanto en los medios necesarios para acceder a la enseñanza virtual como en el capital educativo para acompañar a sus hijos e hijas en el proceso de aprendizaje propuesto a la distancia”.

“Se pensaron nuevas estrategias de organización interna, para reorganizar el circuito de  la comunicación, recogiendo la opinión y aunando criterios con los docentes”.

“Los equipos de conducción sostuvieron un contacto continuo y cercano con los docentes a través de las plataformas virtuales. Se fortaleció tanto la asistencia pedagógica como la escucha activa procurando sostener también a quienes están más en contacto con los y las estudiantes”.

“Se sostuvieron las reuniones de coordinación entre distintos niveles y con la modalidad especial para sincronizar la llegada didáctico-pedagógico-pastoral. Los aportes de docentes de la Escuela Especial fueron valorados por su experiencia en el abordaje de situaciones difíciles que requerían un acercamiento diferente”.  

“Se hicieron diagnósticos personalizados que permitieran armar redes de contención para los casos que así lo ameritaran”.

Por otra parte, advirtieron que “la situación que estamos atravesando modificó las concepciones sobre el rol docente y el de evaluación”: Ya no se mide un resultado, sino que se valora el proceso y lo que cada estudiante puede ir logrando de acuerdo a sus capacidades y posibilidades.

“Son momentos en los que tenemos que agudizar la creatividad e incorporar los recursos tecnológicos para sostener nuestro compromiso como institución educativa, buscando garantizar, de la mejor manera, la continuidad pedagógica y la animación pastoral”. 

“El cuerpo docente trabaja arduamente en poder resignificar su rol, entendiendo que la vocación de un educador católico se centra en la formación integral de seres humanos capaces de construir la civilización del amor”.

En ese sentido, valoraron que “ellos se pusieron al frente de cada uno de sus cursos, en el acompañamiento de todas las dificultades planteadas como consecuencia de la nueva modalidad no presencial”. 

“Desde nuestra mirada contemplativa de la realidad descubrimos la misericordiosa presencia de Dios. Él nos acompaña, nos invita a caminar con esperanza de que esto pasará y nos da la oportunidad de salir fortalecidos en la vivencia del amor y el servicio”.

“En estas circunstancias, la escuela católica se siente llamada a una renovación valiente y confía en su capacidad para adecuarse sabiamente. No se trata de simple adaptación, sino de renovar el impulso misionero de la evangelización, de salir al encuentro de quien lo necesite”.

“Creemos que hoy es fundamental seguir construyendo un vínculo fuerte con cada estudiante. Favorecer la relación estudiante-docente, mediada por el conocimiento, un conocimiento que es aplicable a la vida cotidiana sin dejar de escuchar sus inquietudes, angustias y necesidades”.

“El tiempo y el espacio no son los mismos hoy que ayer, nuestros estudiantes han modificado sus rutinas, sus tiempos y su participación. El contexto donde se estudia es diferente; es un lugar compartido con familiares donde todo es distinto”, reconocieron. 

Finalmente, expresaron: “No queremos virtualizar la escuela tradicional. Queremos aprovechar esta oportunidad para repensar la escuela, revitalizar las formas de enseñar, de construir conocimiento, de evaluar y de establecer vínculos sanos que nos permitan crecer como comunidad educativa”

“La escuela remota de emergencia ha dejado al descubierto nuestras fortalezas y debilidades como instituciones educativas. Y también ha descubierto las fortalezas y debilidades que tenemos como sistema educativo, como sociedad, como país”, advirtieron.

“La pandemia puso al descubierto las falencias de nuestro sistema social para garantizar el derecho a la educación, no sólo porque agrandó la brecha digital sino porque puso en evidencia la falta de otras condiciones de acceso en igualdad de oportunidades”.

“El gran desafío de estos momentos es el de reconocer qué estamos aprendiendo, qué estamos enseñando, y nos preguntamos cómo nos posicionamos ante este modo distinto de enseñar y aprender: ¿Qué queremos fortalecer en base a los aprendizajes de estos tiempos? ¿A qué queremos renunciar para no volver atrás en este crecimiento? ¿Cómo caminamos esta transición?”.

“Nos urge un cambio, queremos abrir la conciencia a un modo distinto de concebir el rol docente del educador. A la hora de pensar en evaluar, ‘no acreditar’, vamos a tener que pensar en una nueva forma porque ha sido una nueva forma de enseñar y de aprender”, observaron. 

"La comunidad entera se reconoce hoy en situación de aprendizaje, estamos revisando hábitos, soltando viejos esquemas, conviviendo con la pregunta sobre qué vale la pena y qué no y buscando estrategias diferentes para que la educación sea realmente un elemento clave para formar personas libres y comprometidas con el bien común”.  

“Tenemos la esperanza de que al compartir estas experiencias podamos reconocernos, apoyarnos y sostener este proceso de innovación educativa a favor de generar una mayor equidad social y de vivir más coherentemente nuestra comunión con Cristo y con su Iglesia”, concluyeron.+