Miércoles 5 de agosto de 2020

El presidente del CELAM se solidariza con Chile y otros pueblos latinoamericanos

  • 12 de noviembre, 2019
  • Bogotá (Celam) (AICA)
Video mensaje de monseñor Miguel Cabrejos Vidarte

El presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano, monseñor Miguel Cabrejos Vidarte, envió ayer, 11 de noviembre de 2019, un mensaje dirigido a la “Iglesia que peregrina en Chile” y también a otros pueblos de América Latina y el Caribe, ante la “explosión social” que vive la región.



“Quiero expresar mi más profunda solidaridad y cercanía con la Iglesia y el Pueblo chileno que está sufriendo agresión y violencia, y que afecta sobre todo a las personas más humildes y vulnerables de este amado país”, comienza el mensaje del también arzobispo de Trujillo, en Perú.



En ese mismo texto, hace suyas las palabras de hace unos días del Comité Permanente del Episcopado chileno: “La gente no solo está cansada de la injusticia, sino también de la violencia”.



Por ello, apunta “hay que insistir en la necesidad de buscar la Paz a través del Diálogo, con participación de todos los actores e instituciones para buscar soluciones reales que se orienten al Bien Común”.



Por otro lado, el mensaje también se refiere a las personas de la región latinoamericana y caribeña que también están sufriendo la violencia, especialmente en Bolivia, Venezuela, Haití, Honduras, Nicaragua, Puerto Rico, Ecuador, Chile y Perú.



Según indica el prelado, las causas de estos sucesos “las encontramos en la corrupción, en las democracias imperfectas y en las situaciones de pobreza, desigualdad, desempleo o subempleo, baja calidad y cobertura de los servicios de salud, educación y transporte, que han ido acumulando un gran descontento”.



Asimismo, remarca que, “en toda nuestra región se viene dando una suerte de ‘explosión social’ sin precedentes”.



Rechazo a la violencia

Monseñor Cabrejos manifiesta su “más firme rechazo a la violencia, venga de donde venga” y exhorta a los gobiernos y autoridades de la región “a implementar políticas concretas y reales que garanticen la promoción de la persona humana y el bien común, basados en los derechos fundamentales de libertad, respeto, equidad, justicia y el cuidado de nuestra casa común, para que nuestros pueblos realmente puedan tener un desarrollo humano integral”.



Finalmente, resalta que la política “es ante todo un servicio” y no ha de ser “sierva de ambiciones individuales, ni de prepotencia de facciones, porque la inmunidad de la que gozan muchos políticos nunca debe llegar a ser impunidad”. +